El pulso de la innovación

El pulso de la innovación

Si de mantenerse en sintonía con la innovación se trata, Ken Robinson, experto en creatividad, prefiere hablar de “cultura de la innovación”: algo que atraviesa a toda la organización. Mantener una capacitación constante, entrenarse para generar buenas ideas y estar atento a las nuevas tecnologías son requisitos clave para poder adelantarnos a lo que se viene sin temer al fracaso.

Ocasionalmente, todos podemos tener una buena idea, pero eso no es lo que necesita una compañía. Para sobrevivir y tener éxito como empresa, es necesario tener buenas ideas sistemáticamente y de forma rutinaria, habitualmente y por encargo y esto debe estar al alcance de todos los miembros de la organización y no de un área o departamento específico.

Cualquier empresa tiene la potencialidad de generar una cultura de innovación, pero se necesita un esfuerzo consciente y a largo plazo. Hay que empezar por entender y reconocer que la innovación surge de las personas, de su imaginación y creatividad y del espacio que se habilite para que ésta surja.

Al igual que la propia empresa, la innovación es una entidad viva que respira y necesita adaptarse para sobrevivir. ¿Qué se necesita para tener una sólida cultura de la innovación? ¿Cómo pueden los líderes de una compañía prepararse para lo que se viene aunque no sepan exactamente de qué se trata Ken Robinson entiende a la innovación como la creatividad aplicada que se utiliza para introducir algo nuevo y mejorado. Para llevar adelante una cultura de innovación, es necesario tener en cuenta los siguientes puntos

 

  1. Reconocer que hoy las ideas provienen de las personas

Aunque pueda sonar cliché, realmente las ideas vienen de las personas y es necesario facilitarles las condiciones para tener esas ideas.

 

Si queremos que las personas tengan ideas nuevas, debemos nutrir su imaginación y otorgarles las habilidades para poder hacerlo. Como si quisiéramos correr una maratón; estaríamos entrenando disciplinadamente para hacerlo, nos pondríamos en forma y tonificaríamos nuestro cuerpo, no nos tiraríamos en el sillón hasta la fecha de la carrera para ver qué tal nos va ese día. Para las compañías que tienen culturas de innovación, estimular la imaginación y el sentido de la posibilidad de las personas que trabajan allí es también una rigurosa práctica.

  1. Abrazar y alimentar el vínculo entre Imaginación, Creatividad e Innovación.

 

El mayor poder que tenemos como seres humanos es el de la imaginación, y la creatividad implica poner esa imaginación en funcionamiento.

 

La innovación es poner en práctica las buenas ideas y la creatividad, un set de habilidades que puede aplicar-se a cualquier cosa. Por eso, resulta fundamental impulsar a las personas a desarrollar sus talentos y capacidades creativas, aunque ellas mismas puedan pensar o suponer que no los tienen.

La imaginación es la capacidad sin límites de traer cosas que no están ni aquí ni ahora, es la posibilidad de especular y resulta fundamental usarla en la era digital en la que todo puede ser o no ser. Y la creatividad es la imaginación puesta en práctica, al servicio del trabajo de una idea que puede dar valor agregado, se trata de una función de la inteligencia. Por lo tanto, todo campo que involucre la inteligencia humana puede ser creativo.

 

  1. La creatividad y la innovación dependen de poder cometer errores

 

Tenemos que estar abiertos a consecuencias imprevistas. Debemos entender que no llegar al resultado deseado en el primer intento no quiere decir que hemos fallado. Thomas Edison intentó 2.000 veces hasta dar con la bombilla de luz que funcionó. Esto deja en claro que es posible (y necesario) ser creativos en el proceso y en la investigación, ya que se hace camino al andar. Cada uno de los intentos de Edison hizo posible que llegara a la bombilla de luz final.

 

Si encontramos un problema en cometer errores, no estamos listos para innovar. Tenemos que estar dispuestos a equivocarnos. Es imprescindible que los líderes no pierdan la calma, se asusten y contagien esto a su gente. Deben cargar la incertidumbre en sus hombros así como darle espacio y apoyo a su equipo para equivocarse y luego para resolver, cambiar, corregir y volver a intentarlo. Si la gente actúa por miedo es casi imposible alcanzar soluciones innovadoras.

 

Claro que todas las compañías tienen un margen de riesgo y error y todas tienen también responsabilidad con sus empleados y sus accionistas, entonces cada cual deberá establecer cuál es su margen de tolerancia al riesgo. Está muy bien si una empresa reconoce que no puede lidiar con el riesgo, pero entonces no podrá crear nada muy original.

  1. Adaptarse al nuevo medio

 

Las organizaciones enfrentan desafíos externos para adaptarse a la velocidad en que el mundo cambia, y de-safíos internos para ajustar su propia cultura, mantenerla viva y flexible para adaptarse al cambio de escenario y a los nuevos medios.

En 1985, Steve Jobs dijo que creía que la gente subestimaba amplia-mente el potencial de las computa-doras. Él sostenía que si bien iba a haber resistencias, las computadoras iban a ser un nuevo medio, como los automóviles, como los aviones o como la televisión que transformaría la forma en que vivimos y trabajamos.

Finalmente, las computadoras cambiaron todo el planeta y una nueva tecnología transformadora eliminó industrias enteras. Después, Internet y los smartphones revolucionaron la sociedad y pronto veremos cómo la Inteligencia Artificial planteará también un nuevo contexto.

Muchas veces las empresas caen porque no ven el potencial del nuevo medio y lo que pueden hacer con eso. Los casos de Kodak y Blockbuster son bien conocidos, pero sirven también para ilustrar el caso de empresas que tienen una cultura interna poco o nada adecua-da para el entorno en el que están tratando de sobrevivir. Como ya se sabe, tanto Kodak como Blockbuster

no se adaptaron al nuevo medio y colapsaron.

Para seguir el ritmo y adaptarse a los cambios culturales que se van presentando, es necesario identificar el problema y luego abrir la mente para encontrar una forma de solucionarlo. Cabe recordar que, en sus comienzos, fue Kodak quien marcó el pulso de la innovación en su rubro al crear una máquina de fotos portátil. Ésta no funcionaba a menos que se compraran también rollos de película que eran inútiles sino se enviaban a Kodak para ser procesados.

Y eso es lo que le hizo ganar dinero a la compañía y convertirse en la fuerza dominante de la fotografía durante la mayor parte del siglo XX.

¿Por qué terminó entrando en quiebra entonces? Las personas no dejaron de tomar fotografías –de hecho, sucedió todo lo contrario–, pero sí cambió la forma de producción de esas fotos: pasó de ser un proceso químico a uno digital que llegó para quedarse. Sin embargo, Kodak pensó que lo digital sería una moda, no pudo imaginar el advenimiento de la fotografía digital como reemplazo definitivo de la impresión de sus instantáneas. Por esa razón, no vio la necesidad de seguir el ritmo, de adaptar su modelo de negocio y su cultura interna a la fotografía digital que ella misma había creado al desarrollar en 1975 la primera cámara digital.

En 2012, Blockbuster se fue a la quiebra porque no se adaptó al nuevo mundo de la transmisión de vídeos en línea que fue dominado por Netflix. Curiosamente, diez años antes de que quebrasen, se ofreció a los responsables de Blockbuster comprar Netflix por 50 millones de dólares y no aceptaron porque creyeron que eso nunca iba a funcionar.

Muchas veces las empresas caen porque no ven el potencial del nuevo medio y lo que pueden hacer con eso.

La idea de lo que luego sería Netflix surgió de Reed Hastings, su fundador, justamente luego de que en la reconocida tienda de alquiler de películas le cobraran 40 dólares al regresar con demora un video. Estaba muy indignado y decidió crear su propia compañía que más tarde vería caer a Blockbuster por no haberse adaptado a las nuevas reglas del juego.

 

Estar preparados para lo que vendrá.

Los ejemplos de Kodak y Blockbuster nos demuestran que las compañías son organismos vivos, con capacidad de adaptación, y que la respuesta a lo que necesitan está muchas veces muy cerca, pero no se detienen a ver su entorno.

Si el objetivo es perdurar en el tiempo, resulta imperativo mantener el ritmo, entender el papel protagónico de la tecnología, y conformar y sostener una cultura de innovación: que no se define por hechos aislados o azar, sino que se forma a partir de procesos rigurosos a los que la empresa debe atenerse Y para poder fluir con el pulso de la innovación, es preciso identificar el problema y abrir la mente para encontrar una forma de solucionarlo. Debemos mantenernos curiosos, conectados y abiertos a las posibilidades de experimentación sin miedo al fracaso. Tenemos que proporcionar una cultura de aprendizaje continuo donde las diferentes disciplinas se entrelacen en la búsqueda de un objetivo común. Sin importar el tamaño o la industria, a las compañías les toca aferrarse al pulso de la innovación, entendiéndolo como el corazón de la empresa que si deja de latir, muere.

 

Fuente: Woby